Al margen
Alguien me preguntó el otro día cuánto tiempo lleva escribir un libro. La pregunta honesta sería otra: cuánto tiempo lleva publicar uno. Y ahí la respuesta cambia bastante. Escribir es, paradójicamente, la parte fácil. O al menos es la parte para la que uno se ha preparado mentalmente. Te sientas, sufres, produces frases, las odias, las corriges, produces otras, te convences de que no son tan malas, y eventualmente tienes algo que se parece a un manuscrito. Eso es el 20%.
El 80% restante es entender por qué tu PDF no tiene los márgenes correctos. No exagero. La autoedición moderna es una disciplina técnica disfrazada de proyecto creativo. Tienes que aprender sobre resolución de imagen en portadas (1600×2560 píxeles, que nadie te explica por qué exactamente esas dimensiones pero ay del que no las respete). Tienes que entender la diferencia entre EPUB y MOBI y por qué Kindle Create a veces decide ignorar olímpicamente tu formato. Tienes que lidiar con plataformas que validan tu archivo y te dicen que hay un error en el XML interno, un error que tú no escribiste, en un fichero que tú no tocaste, generado por un programa que supuestamente hace eso automáticamente.
Y lo curioso es que nadie te avisa. Los libros sobre escritura creativa hablan de la voz narrativa, del conflicto dramático, de cómo construir personajes memorables. Ninguno dedica un capítulo a "cómo no perder la cordura cuando KDP rechaza tu portada por tercera vez sin explicarte realmente por qué." Hay una brecha enorme entre terminar de escribir y tener un libro publicado. En esa brecha viven: las plataformas de autopublicación con sus interfaces diseñadas por comités de gente que claramente no publica libros, los formatos de archivo que se comportan distinto según el lector, las cuestiones fiscales (¿sabes lo que es un W-8BEN? Yo tampoco sabía. Ahora sí. No era el conocimiento que buscaba), los ISBN, los depósitos legales, las descripciones de producto que tienes que escribir como si fueras tu propio departamento de marketing. Y todo esto mientras intentas que el libro en sí sea bueno. Que tenga algo que decir. Que valga el tiempo de quien lo lee.
No lo cuento como queja. Lo cuento como advertencia y, a la vez, como reivindicación. La autoedición es difícil de una manera que nadie romantiza, y eso me parece bien. El romanticismo está sobrevalorado. Lo que hay es trabajo concreto, problemas concretos, soluciones que a veces funcionan y a veces no. Hay algo honesto en eso. Nada de intermediarios que "crean en tu proyecto." Tú y el PDF. A las dos de la mañana. Y cuando por fin funciona — cuando el archivo pasa la validación, cuando la portada aparece como debe, cuando le das a publicar y recibes ese correo de confirmación — la satisfacción es completamente desproporcionada en relación con lo que acabas de hacer, que es básicamente resolver un problema técnico menor. Pero ahí está. El libro existe. Con sus márgenes correctos y todo.