Churras con merinas — Nota simple n.º 0
Cañada Real Segoviana, a la altura de una gasolinera de autoservicio
Me llamo Basilio y durante diecinueve años fui registrador de la propiedad. Lo digo pronto porque es lo primero que la gente quiere saber cuando ve a un hombre con treinta cabezas de ganado, un perro y un burro, cruzando una rotonda: qué hizo antes para acabar así.
Lo que hice antes fue inscribir. Fincas, pisos, plazas de garaje, trasteros de cuatro metros vendidos como "espacio de almacenaje con potencial". Yo firmaba que algo era de alguien y cobraba por firmarlo. Por mi mesa pasó una dehesa que en tres generaciones fue de un pueblo, de un marqués, de una caja de ahorros que ya no existe y, al final, de un fondo con domicilio en Luxemburgo y un nombre que parecía una contraseña del WiFi. Nadie la había robado. Todo tenía su asiento y su sello. Ese era el problema.
Un martes de marzo inscribí un ático en Chamberí a nombre de una sociedad que tenía otros ciento doce. Guardé el sello en el cajón, le dije a Remedios, la oficial, que me iba a freír espárragos, y salí a la calle sin abrigo. Remedios creyó que era una forma de hablar. Remedios lleva treinta años creyendo que todo es una forma de hablar, y casi siempre acierta.
La edad no la digo. Tenía cuarenta y tantos, y los sigo teniendo.
En España hay unos 125.000 kilómetros de vías pecuarias: cañadas, cordeles, veredas, coladas. La ley de 1995 dice que son dominio público, inalienables, imprescriptibles e inembargables. Me la sé de memoria, porque fue el único texto que leí en el registro que hablaba de un suelo que no se puede vender. La leí cuatro veces. A la quinta, ya estaba mirando precios de burros en internet.
A Diógenes lo compré en una feria de Zamora. El tratante me lo vendió como manso, y se quedó corto. Diógenes tiene opiniones. Come donde quiere, duerme donde le pilla y le rebuzna a cualquier cosa con logotipo. Sé que "cínico" viene del griego kyon, perro, y que lo lógico habría sido cambiarles los nombres. No lo hice. El burro tenía más méritos.
Zenón llegó de El Hierro en un barco y no se mareó. Es un lobito herreño, cabe en una mochila grande y gobierna el rebaño con la mirada. Desde que salimos le he oído ladrar tres veces. Las tres tenía razón.
Mi madre decía que no se mezclan churras con merinas. Yo llevo de las dos, y además una latxa, una ripollesa, una xalda, una manchega, una payoya, una majorera, una garafiana y así hasta treinta. La merina camina delante porque desciende de la Mesta y cree que la cañada es suya desde el siglo XIII. La churra camina detrás de la merina para llevarle la contraria, que es la forma más castellana de seguir a alguien. La majorera y la garafiana caminan juntas sin hablarse, cada una convencida de que su isla es la de verdad.
Hoy, a la altura de un kilómetro sin número, la cañada se mete en una urbanización que se llama Residencial Las Cañadas. Le pusieron el nombre de lo que se comieron. Hay una verja. Según la ley, la verja es ilegal. Según el portero automático, la ley tiene que llamar al 3B.
Llegó una pareja de la Guardia Civil. Me pidieron la guía sanitaria y se la di. Me preguntaron adónde iba. —A Extremadura, a por pasto de invierno. Como los jubilados del norte a Benidorm, pero sin Imserso.— les dije.
El más joven apuntó algo. El mayor miró la verja, miró el BOE que le enseñé y me dijo que eso lo tenía que resolver la Junta. Le pregunté qué Junta. Me dijo que la que fuera. Se fueron.
Por la noche, junto a la gasolinera, sometí a votación si esperábamos a que alguien abriera la verja o dábamos un rodeo de once kilómetros por el arcén. La merina votó por abrir la verja, por derecho histórico. La churra votó lo contrario de la merina, por costumbre. La latxa y la ripollesa pidieron votar por separado. La majorera y la garafiana se abstuvieron, porque desde aquí no se ve el mar, y sin mar, no se fían de nada. Diógenes se comió la papeleta. Zenón no votó. Se tumbó delante de la verja y esperó.
A las siete de la mañana salió un vecino en pijama a sacar el coche. Abrió la verja y pasamos todos. Zenón ni lo miró.
Mañana, más cañada.
NOTA SIMPLE
Finca: Cañada Real Segoviana, tramo Residencial Las Cañadas.
TITULAR: de derecho, dominio público, según la ley de 1995. De hecho, la comunidad de propietarios, según el portero automático.
Cargas: una verja, un rodeo de once kilómetros, un vecino en pijama.
Observaciones: pendiente de resolver por la Junta, la que fuera.
Basilio, usufructuario de la cañada. Sin cargas, sin gravámenes, con treinta y dos seres libres que me acompañan.