Zastava101Letras

Cronicas del Apocalipsis Pendiente 001

DESPACHO Nº 001 FECHA: 8 de abril de 2026

DESDE: Un bar de Cocoa Beach, Florida. El bourbon es un crimen de guerra no documentado.

PARA: La Redacción (ref: archivo circular, como siempre, como todo)

ASUNTO: La humanidad vuelve a la Luna. El váter cuesta 23 millones. No funciona. Abajo, todo lo demás tampoco.

Estimados compañeros, si siguen ahí:

El 1 de abril de 2026, fecha que el universo eligió con una ironía que ningún redactor jefe habría aprobado; la NASA lanzó cuatro astronautas alrededor de la Luna. La misión se llama Artemis II. Lleva el nombre de la diosa griega de la caza, hermana de Apolo, lo cual es poético si uno ignora que el programa Apolo terminó en 1972 y que desde entonces, la humanidad ha estado básicamente dando vueltas en círculos a 400 kilómetros de altura preguntándose qué hacemos aquí.

Pero esta vez hemos ido más lejos. Mucho más lejos. 405.000 kilómetros. Récord histórico. Primera misión tripulada más allá de la órbita terrestre desde hace más de medio siglo. Primera mujer. Primer astronauta negro. Primer canadiense, Jeremy Hansen, un hombre con una paciencia que yo nunca tendré, y que lleva semanas sonriendo en cámaras mientras comparte una cápsula de cinco metros con tres personas y un inodoro averiado.

Porque el váter no funciona.

Permítanme detenerme aquí, que es donde está la historia real.

El sistema de gestión de residuos de la nave Orión (denominación técnica de un trasto al que la NASA ha tenido la desfachatez de ponerle un precio de veintitrés millones de dólares) dejó de funcionar pocas horas después del despegue. El director de vuelo lo describió como “un problema con la expulsión de residuos del inodoro”, que es exactamente la clase de eufemismo que uno esperaría de una agencia que cobra veintitrés millones por algo que se llena de mierda. La solución tecnológica adoptada se llama Urinario de Contingencia Colapsable. En el lenguaje de los mortales: una bolsa. La misma solución que usaban en 1969, cuando la bolsa costaba lo que cuesta una bolsa.

Cincuenta y cuatro años de progreso espacial, presupuesto que dobla al del programa Apolo completo ajustado a inflación: una bolsa de plástico.

El administrador de la NASA dijo que estos fallos técnicos son “una oportunidad para mejorar las futuras misiones”. Esto es lo que en periodismo llamamos una frase que no dice nada, pero suena bien, especialidad de la casa en cualquier rueda de prensa desde que existe la rueda de prensa.

Ahora bien. Los astronautas, conscientes de que estaban haciendo historia con o sin váter, se prepararon a conciencia. Alguien tomó la decisión ejecutiva (y me gustaría saber quién, para enviarle el pésame) de mandarles a un taller de escritura creativa espacial antes del viaje. El resultado es una colección de frases para la posteridad que van a vivir en los libros de texto, presumiblemente en el capítulo titulado “cosas que suenan profundas si uno no las piensa más de tres segundos”:

“Somos todos Homo sapiens, sin importar de dónde vengas ni cómo te veas.”

Hermoso. Emocionante. Universalmente aplicable, salvo al Homo sapiens que intenta cruzar la frontera sur de Estados Unidos, al Homo sapiens iraní que lleva 39 días recibiendo bombas de la misma nación que paga la factura de Artemis, al Homo sapiens palestino, al Homo sapiens libanés bajo invasión israelí. Pero desde 405.000 kilómetros todo el mundo parece igualito. La distancia hace maravillas con la empatía selectiva.

“Siempre elegiremos la Tierra.”

Enormemente tranquilizador que lo aclaren. Las alternativas disponibles son la Luna (sin atmósfera, sin bar, ni nada) y el vacío interestelar.

Elegir la Tierra tiene aproximadamente la misma profundidad filosófica que decir “siempre elegiremos respirar”, pero queda mejor bordado en una almohada de la NASA.

“Vimos cosas que ningún ser humano ha visto jamás.”

Pequeño matiz, con todo el respeto que me queda a estas alturas de la noche: los astronautas del Apolo 8 vieron la cara oculta de la Luna en 1968. Los del Apolo 13 también, con el añadido de no saber muy bien si iban a volver, que le da otro nivel dramático a la experiencia. Pero supongo que esos no cuentan porque no había streaming en 4K, ni música de fondo con filtros emocionales. Artemis II es, seamos honestos, la operación de marketing emocional más cara jamás puesta en órbita. El Apolo 11 llegó a la Luna. Artemis II ha orbitado cerca. Ambos cuestan al ciudadano de a pie, una cantidad obscena. Solo uno de los dos plantó bandera.

Y hablando de gente que se lo cree todo: los terraplanistas han visto las imágenes en 4K que Artemis II ha mandado desde 405.000 kilómetros. Imágenes absolutamente impresionantes de la Tierra entera, redonda, azul, incontrovertiblemente esférica. Los terraplanistas las han visto. Los terraplanistas siguen siendo terraplanistas. Hay cosas que ni la física puede cambiar. Ni el 4K. Ni la paciencia de Jeremy Hansen.

Trump llamó desde Houston para hablar con los astronautas justo después del sobrevuelo lunar. Les dijo que estaban haciendo que “todo Estados Unidos se sienta increíblemente orgulloso”. Fue un momento emotivo. Nadie mencionó las bolsas.

Ese mismo martes, horas antes o después de la llamada (los husos horarios son una convención burguesa en tiempos de guerra, además que con tanto bourbon barato, tampoco sé ni el día en el que vivo) el presidente publicó en Truth lo siguiente: “Toda una civilización morirá esta noche, para no volver jamás.”

Punto. Fin de la cita. El hombre que acababa de felicitar a cuatro personas por orbitar la Luna escribió eso. Con el mismo teléfono. Probablemente entre tweet y tweet sobre el precio del petróleo.

Los astronautas, en ese preciso momento, estaban a 405.000 kilómetros de altura iniciando su maniobra de regreso. Desde allí arriba, Irán se ve como una mancha marrón preciosa entre el azul del Golfo Pérsico. Una civilización de cinco mil años. Más antigua que la escritura, que la rueda, que el concepto de ultimátum con hora límite a las ocho de la tarde.

Por suerte llegó el alto el fuego. La civilización sobrevivió a la noche. Trump lo calificó de “revolucionariamente maravilloso”. Nadie en Teherán ha confirmado el adjetivo, posiblemente porque llevan 39 días sin electricidad para cargar el móvil.

Y nosotros, mientras tanto, mandamos a cuatro personas en un falo de nivel idolatrable, a dar la vuelta a la Luna y les enseñamos a decir frases bonitas, y a mear en una bolsa.

“Somos todos Homo sapiens.”

Sí. Y algunos lo estamos pasando bastante peor que otros.

Si al final publican esto, mándenme una copia. Ya sé que no.

Teo García Corresponsal. Pasaporte: varios, ninguno en regla desde 1989. Nivel de embriaguez: peligrosamente lúcido, aunque sinceramente ya perdí la cuenta de las botellas de este bourbon barato con sabor a bar de autopista. El bourbon de Florida es otro de los crímenes de guerra que nadie investiga.