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Cronicas del Apocalipsis Pendiente 005

DESPACHO Nº 005 FECHA: 13 de abril de 2026

DESDE: Mezőhegyesszentkirályszabadja, Hungría. Un pueblo de la Gran Llanura húngara cuyo nombre llevo tres horas intentando pronunciar y cuyos habitantes llevan tres horas mirándome con la paciencia específica de quien espera que el extranjero se canse y se vaya.

PARA: La Redacción (ref: archivo circular, como siempre, como todo)

ASUNTO: Hungría ha votado. El nazi de Bruselas ha ganado al nazi de Moscú. La democracia europea respira aliviada.

Estimados compañeros, si siguen por la redacción:

Escribo desde un pueblo de la Gran Llanura húngara, cuyo nombre no voy a intentar reproducir porque el teclado no tiene algunas de las letras que necesita, y porque el palinka casero que me vendieron esta tarde unos señores gitanos en una garrafa sin etiqueta, ha reorganizado las consonantes en un orden diferente al original. El licor sabe a ciruela pasada por un proceso que ningún reglamento sanitario de la Unión Europea ha aprobado nunca, lo cual esta noche me parece una recomendación más que una advertencia. Con el tercer vaso, curiosamente, el nombre del pueblo empieza a pronunciarse con más fluidez. Esto dice algo sobre el palinka, sobre el húngaro, o sobre ambos, y no estoy seguro de que sea algo bueno.

Hungría ha votado. Péter Magyar ha ganado. Viktor Orbán ha perdido. Bruselas celebra. Macron ha llamado a Magyar para felicitarlo. La prensa europea habla de "victoria de los valores democráticos" y "regreso de Hungría al seno europeo", que son las frases que los periodistas europeos usan cuando algo les conviene sin necesidad de explicar qué significa exactamente.

Magyar era miembro del Fidesz hace dos años. No hace veinte. Hace dos. Era parte del sistema que construyó Orbán, se casó con la ministra de Justicia de Orbán, vivió del sistema de Orbán, y se bajó del barco en 2024, cuando una grabación comprometedora de su entonces esposa lo puso en una posición incómoda y decidió que, la mejor salida era convertirse en el salvador de la democracia húngara. La transformación de funcionario del régimen a líder opositor le llevó aproximadamente lo que tarda un político en cambiar de chaqueta, que en Hungría, según mis cálculos con el palinka encima, es menos de lo que tarda el palinka en bajar.

Las políticas migratorias de Magyar son tan restrictivas como las de Orbán. Su posición sobre los derechos de las minorías es tan entusiasta como la de Orbán. Su modelo económico es tan neoliberal como el de Orbán. La diferencia fundamental es que Magyar quiere el dinero de los fondos europeos que Orbán bloqueó por pelearse con Bruselas, lo cual es una motivación comprensible, pero no exactamente una revolución democrática. Es más bien un cambio de propietario en el mismo negocio, con nueva señalética y mejor relación con el casero.

Bruselas celebra porque con Orbán los fondos estructurales estaban bloqueados y con Magyar probablemente no lo estarán. Esto es perfectamente legítimo como política económica. Como narrativa de "victoria de los valores", es una exageración que el palinka no consigue hacer más convincente, por mucho que lo intente, y lo intenta.

Orbán ha concedido la derrota con la dignidad contenida de quien lleva dieciséis años construyendo un sistema diseñado para no perder y acaba de perder de todas formas, lo cual dice algo sobre los sistemas diseñados para no perder que conviene no ignorar. Ha prometido que no se rendirá "jamás", que trabajará desde la oposición y que el tiempo dirá lo que significa este resultado. El sistema que construyó, con quince reformas constitucionales, el poder judicial capturado, los medios colonizados y una red de oligarcas dependientes de su favor, sigue ahí intacto. Magyar va a gobernar con dos tercios del Parlamento, pero los sistemas no se desmantelan cambiando al jefe, se desmantelan cambiando las estructuras, lo cual es más lento, más aburrido y mucho menos fotogénico que una celebración a orillas del Danubio con champan y banderas.

Rusia, que durante la campaña intentó montar un falso atentado contra Orbán para subirle las encuestas, y que desplegó un equipo de "tecnólogos políticos" del GRU en la embajada de Budapest para ayudarle a ganar, ha perdido su hombre en Budapest. Buena noticia. Magyar también ha sido bastante ambiguo sobre Ucrania y bastante concreto sobre no querer que Hungría pague más de lo que considera justo por la defensa europea, que es básicamente la misma posición de Orbán con diferente acento y mejor corbata.

Trump, que apoyaba a Orbán públicamente y le invitó a Mar-a-Lago, ha perdido su aliado más explícito en la Unión Europea. Magyar ya ha dicho que quiere mantener buenas relaciones con Washington, porque Magyar es conservador y pragmático, y los conservadores pragmáticos en Europa en 2026 no se pelean con Washington, aunque Washington esté bombardeando Irán y bloqueando el estrecho de Ormuz, porque hay fondos de inversión americanos en Budapest y los fondos de inversión americanos no entienden de matices geopolíticos, ni falta que les hace.

Aquí, en este pueblo de la Gran Llanura, los vecinos han seguido las elecciones con la atención de quien sabe que el resultado va a cambiar el nombre del que manda en Budapest, pero probablemente no va a cambiar el precio del pan, ni el estado de la carretera que lleva al pueblo, que lleva diez años en obras y otros diez sin terminarse, y que con Orbán o con Magyar, seguirá siendo la misma carretera con los mismos baches y el mismo cartel de "obras en curso" que ya nadie lee.

Los señores gitanos que me vendieron el palinka esta tarde, me han preguntado si había venido a cubrir las elecciones. Les he dicho que sí. Me han preguntado si iba a escribir que había ganado la democracia. Les he dicho que iba a escribir lo que veía. Me han mirado con la expresión de quien lleva siglos viendo llegar la democracia a este país y marcharse sin dejar dirección, y me han vendido otra garrafa a precio reducido. Es el comentario político más honesto que he recibido esta semana.

Con el cuarto vaso ya pronuncio el nombre del pueblo perfectamente. Mañana no voy a recordar cómo.

Mándenme una copia si publican esto.

Teo García. Corresponsal. Pasaporte: varios, ninguno en regla desde 1989.

Nivel de embriaguez: el pálinka casero de gitanos no tiene graduación oficial. Tiene, en cambio, consecuencias oficiales.

Mezőhegyesszentkirályszabadja: con el cuarto vaso sale solo. Con el quinto, sale en húngaro antiguo.