Cronicas del Apocalipsis Pendiente 009
DESPACHO n.º 009 Fecha: 26 de abril de 2026
Desde: Krorëza, Albania. Costa adriática. Accesible por mar o por una pista de cabras que el mapa no reconoce y el GPS da por imposible. Rakija de higos destilada en casa por un hombre que no habla ningún idioma verificable, pero que lleva dos horas mirándome con la expresión de quien sabe exactamente lo que pienso y no le parece bien.
Llegué aquí siguiendo la pista de cabras. Tardé cuarenta minutos en un tramo que en condiciones normales serían diez. Las condiciones normales no existen en Krorëza, lo cual lo convierte en el único lugar del Adriático que tiene algo en común con la diplomacia internacional de esta semana. La rakija de higos huele a barniz y sabe a algo que no tiene nombre en español, pero que el cuerpo reconoce instintivamente como una advertencia. La estoy ignorando por las mismas razones por las que el mundo ignora todas las advertencias. El Adriático está ahí afuera, quieto, azul, completamente ajeno a lo que voy a contarles.
Alguien intenta matar a Trump en la cena de corresponsales y el Servicio Secreto lo gestiona al estilo Pepe Gotera y Otilio
El sábado 25 de abril, durante la cena anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca en el hotel Washington Hilton, un hombre armado con una escopeta, una pistola y varios cuchillos atacó un puesto de control de seguridad en el vestíbulo. Los asistentes, que estaban comiendo una ensalada de guisantes con burrata, escucharon entre cinco y ocho disparos. Los camareros se preparaban para servir el plato siguiente. El sospechoso, identificado como Cole Thomas Allen, residente de California, fue detenido antes de llegar al salón principal. Un agente del Servicio Secreto recibió un disparo y fue salvado por su chaleco antibalas.
La evacuación produjo imágenes que merecen análisis independiente. JD Vance, vicepresidente de los Estados Unidos y segundo en la línea de sucesión presidencial, fue sacado del edificio antes que Trump, por una puerta diferente, porque iba solo. La lógica protocolar de sacar primero al vicepresidente antes que al presidente en un atentado tiene el mismo rigor estratégico que en un incendio salvar primero el felpudo antes que los niños, pero con más hombres armados y más confusión en el pasillo. Trump, por su parte, fue evacuado con tal aparato de protección que según testigos presenciales el propio dispositivo estuvo a punto de ser su mayor amenaza: varios agentes se le echaron encima con la urgencia de quien ha practicado el protocolo muchas veces en simulacros y ninguna en una sala con manteles blancos y copas de vino, produciéndose una caída que los vídeos documentan con la misma claridad con que documentan que el tirador no llegó al salón. Trump sobrevivió al atentado y al Servicio Secreto, lo cual en términos estadísticos empieza a ser un mérito propio.
En las imágenes del salón durante los primeros segundos del incidente pueden distinguirse al menos tres categorías de respuesta humana. Primera: los que se tiraron al suelo con la velocidad de quien ha procesado que hay disparos cerca. Segunda: los que se agacharon detrás de sus acompañantes, con una preferencia documentada por acompañantes de complexión femenina, incluyendo al menos un caso en que el acompañante era una mujer visiblemente embarazada, lo cual añade a la cobardía un nivel de creatividad que merece reconocimiento técnico aunque no moral. Y tercera, la más notable: un hombre que permaneció sentado en su silla, copa en mano, mirando el caos a su alrededor con la expresión de quien ha pagado dos mil quinientos euros por la cena VIP y no piensa levantarse hasta que le traigan el postre o le disparen directamente, lo que ocurra primero. No se sabe su nombre. Merece una estatua.
Según The Washington Post, el perímetro de seguridad del presidente de los Estados Unidos permitió que un hombre con escopeta, pistola y varios cuchillos recorriera varios metros del hotel, cruzara un detector de metales y subiera una escalera antes de ser interceptado. El Servicio Secreto describió esto como que "el sistema funcionó en su fase final", que es la forma institucional de decir que el portero paró el penalti, pero el delantero había llegado al área desde el vestuario del equipo contrario sin que nadie lo notara.
La razón por la que tanta gente cree que este tipo de eventos son falsos atentados no es la maldad conspiranoica del pueblo americano. Es que la distancia entre la imagen proyectada del aparato de seguridad más poderoso del mundo y la realidad de un hombre con escopeta cruzando un detector de metales y subiendo una escalera es tan grande que el cerebro humano prefiere la conspiración a la incompetencia. La conspiración implica que alguien sabe lo que hace. La incompetencia no tiene solución narrativa satisfactoria. El Servicio Secreto no es Spectre. Es Pepe Gotera y Otilio con presupuesto federal, chalecos antibalas y un vicepresidente que sale por la puerta de atrás antes que el presidente porque iba solo. Lo segundo no mejora lo primero tanto como debería.
La UE debate si cortar relaciones con Israel y decide que mejor no, pero muy preocupados
El lunes 21 de abril, los ministros de Exteriores de la Unión Europea se reunieron en Luxemburgo para debatir si suspender el Acuerdo de Asociación con Israel. España, Irlanda y Eslovenia llevaban semanas pidiendo la revisión del acuerdo por las violaciones del derecho internacional en Gaza, Líbano e Irán. La propuesta requería unanimidad de los 27. Alemania e Italia dijeron que no. El acuerdo no se suspendió.
Lo que sí ocurrió fue una declaración de Kaja Kallas, jefa de la diplomacia europea, que dijo: "Las conversaciones continuarán." Tres palabras que en la historia de la diplomacia europea han acompañado a prácticamente todas las situaciones que luego empeoraron mientras las conversaciones continuaban.
El ministro de Exteriores israelí Gideon Sa'ar respondió a España con un argumento que merece transcribirse: cuestionó la autoridad moral del gobierno español para hablar de derechos humanos mientras mantiene relaciones con la Turquía de Erdogan. El argumento es que España no puede criticar las violaciones del derecho internacional de Israel porque también tiene relaciones con otros países que violan el derecho internacional. La lógica lleva directamente a la conclusión de que nadie puede criticar a nadie por nada mientras tenga relaciones con alguien que hace algo parecido, lo cual equivale a abolir la diplomacia, la crítica internacional y el derecho humanitario en un solo argumento. Es, desde un punto de vista estrictamente lógico, el argumento del niño de cinco años que le dice a su madre que él no ha roto el jarrón porque su hermano tampoco recoge su habitación. Funciona más o menos igual de bien.
Israel mientras tanto refuerza sus vínculos con países de Oriente Medio, se aparta de Europa y acerca posiciones con Washington. La UE seguirá teniendo conversaciones. El acuerdo de asociación seguirá vigente. Y los cementerios del sur del Líbano seguirán siendo demolidos bajo la definición operativa de legítima defensa que ya describí en el despacho anterior y que no ha mejorado desde entonces.
Netanyahu llama antisemita a China y China le mira con la expresión del país que produce el cuarenta por ciento del PIB mundial
Esta semana, Netanyahu acusó públicamente a China de antisemitismo. El motivo: China condenó el bloqueo naval estadounidense de los puertos iraníes, calificándolo de "peligroso e irresponsable", y el ministro de Defensa chino declaró que "el estrecho de Ormuz está abierto para nosotros", advirtiendo contra cualquier intento de bloquear el paso de buques chinos. Netanyahu interpretó el apoyo chino a Irán como antisemitismo. El canciller chino rechazó el documento en público con la expresión de quien lleva escuchando esa palabra aplicada a situaciones progresivamente más inverosímiles y ha llegado al punto de saturación conceptual.
La estrategia de Netanyahu de llamar antisemita a quien le contradiga tiene una trayectoria documentada: España antisemita, Irlanda antisemita, Eslovenia antisemita, la revista italiana que publicó una portada crítica antisemita, el alcalde de Atenas que se negó a retirar pintadas antisemita, y ahora China, que con sus 1.400 millones de habitantes, su posición permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y el control de buena parte de la cadena de suministro global acaba de ser incorporada a la lista. El término se está aplicando a una proporción de la humanidad que empieza a hacer la palabra estadísticamente interesante. Cuando el antisemitismo incluye a China, España, Irlanda, Eslovenia, Italia y Grecia simultáneamente, o la palabra ha perdido su definición operativa, o Netanyahu lleva gobernando demasiado tiempo sin que nadie le diga que no. Las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo, pero solo una de ellas tiene solución electoral. La otra ya la documentó el Tribunal Penal Internacional en su orden de arresto, que sigue vigente y que los países europeos siguen sin ejecutar, también muy preocupados.
La pista de cabras que conduce a Krorëza está igual que cuando llegué. El Adriático sigue quieto. El hombre de la rakija de higos me ha servido otro vaso sin preguntar, que es la forma albanesa de decir que la noche todavía no ha llegado a su punto más serio. Fuera no hay cobertura suficiente para la indignación en tiempo real. Hay que procesarla con retraso, que es como siempre debería haberse procesado, pero el mundo eligió Twitter y aquí estamos.
Teo García. Corresponsal. Pasaporte: varios, ninguno en regla desde 1989.
Este despacho fue escrito en Krorëza, Albania, accesible por mar o por una pista de cabras que el GPS da por imposible. El hombre de la rakija de higos no tiene nombre transcribible en ningún alfabeto latino. Tiene, en cambio, una opinión muy formada sobre el estado del mundo que expresa exclusivamente con silencios de duración variable. Esta noche los silencios han sido largos. No le falta razón.