Cronicas del Apocalipsis Pendiente 014
Despacho n.º 014 — Fecha: 23 de julio de 2026
Yedidalga, República Turca de Chipre del Norte. Zivania de orujo de uva xynisteri, destilada en kazani de cobre por un señor que no ha pisado Nicosia en treinta años. El líquido arde con la dignidad de quien no tiene nada que perder.
El gato del anfitrión me observa desde el alféizar. Es blanco con una mancha negra en forma de isla sobre el lomo. En un país partido por la mitad como un pan sin dueño, esto me parece un comentario geográfico involuntario. El señor que me sirve la zivania no habla español, pero entiende el gesto universal de levantar el vaso y mirar al horizonte. El horizonte, aquí, es el mar que separa lo que fue de lo que nunca será. Me vine a Yedidalga porque los mapas la dibujan como un punto. Los puntos no mienten. No tienen espacio para la propaganda. No hay embajadas en los puntos, ni cumbres de la OTAN, ni presidentes que cobren peajes por el simple hecho de que el mundo necesita cruzar de un lado a otro. Pero vayamos por partes. La zivania no se bebe de un trago.
La izquierda es terrorista, y el terrorismo es de izquierdas, y si no te cuadra es que eres terrorista
El Departamento de Estado de Estados Unidos ha decidido que la izquierda es terrorismo. No un grupo concreto. No alguien que haya volado algo recientemente. La izquierda. El concepto. El gesto de mirar hacia abajo cuando todos miran hacia arriba. Convocaron a sesenta países a una cumbre en Washington para hablar del "resurgimiento del terrorismo transnacional de extrema izquierda". Sesenta países. Para discutir si pensar que los ricos tienen demasiado dinero, constituye una amenaza a la seguridad nacional. Entre los invitados están la Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México. Imagino la cara de Lula cuando recibió la invitación. Probablemente la misma que pone cuando le dicen que el aguacate está caro.
El zar antiterrorista, un tal Sebastián Gorka, quiere etiquetar a Antifa como organización terrorista extranjera. Antifa, que no es ni siquiera una organización, es un acrónimo. Es como declarar terrorista a la abreviatura. El próximo paso será designar a las siglas de LOL como arma de destrucción masiva.
El gato se lame la pata trasera. Yo le envidio la claridad. Él no necesita leer comunicados oficiales para saber quién es el depredador y quién la presa.
Trump descubre que el estrecho de Ormuz no tiene dueño, y se lo adjudica a sí mismo
Mientras el Departamento de Estado redacta listas de proscripción ideológica, Donald Trump ha decidido que el estrecho de Ormuz es suyo. Literalmente. Ha impuesto un peaje del veinte por ciento a los buques que crucen por allí. Veinte por ciento. Como si el Golfo Pérsico fuera una autopista de peaje en Nueva Jersey.
Lula lo ha llamado pirata. Pirata. La palabra exacta. Trump no bloquea Ormuz por seguridad nacional, ni por la paz mundial, ni por ninguna de las frases huecas que los imperios usan cuando quieren robar algo a gritos. Lo hace porque el veinte por ciento de un millón de dólares por barco es mucho dinero. Dinero que no pasa por el Congreso, ni por la opinión pública, ni por ninguna de las ventanillas burocráticas que el capitalismo dice que regulan todo.
El anfitrión me rellena el vaso. La zivania de este kazani sabe a uva quemada y a cobre oxidado. Sabe a lo que saben las cosas que se hacen en secreto, lejos de las etiquetas y los controles de calidad. El señor que la destila no paga impuestos a nadie. No reconoce fronteras. No le importa quién gobierna en Ankara, en Nicosia, o en Washington. Su única lealtad es al fuego lento y al orujo fermentado.
Trump, en su versión de pirata somalí con corbata, ha convertido la geopolítica en un negocio de protección. Paga el veinte por ciento o tu barco no pasa. O peor: paga el veinte por ciento y después descubres que la Armada estadounidense ha bloqueado los puertos iranís de todos modos. El peaje era solo el principio de la extorsión.
El gato salta del alféizar y se sienta a mis pies. Me mira con los ojos entrecerrados de quien ha visto suficiente. Entre nosotros hay un entendimiento tácito: los que cobran por lo que no les pertenece no son gobernantes. Son matones con buena prensa.
La OTAN se reúne en Ankara para decidir cuánto dinero quemar, y Trump insulta a treinta y dos países antes del postre
Y mientras tanto, en Ankara, la OTAN celebraba su cumbre. Treinta y dos jefes de Estado se reunieron para decidir cuánto dinero quemar en armas y cómo llamar a la sumisión ante Trump.
Mark Rutte exigió el cinco por ciento del PIB para defensa. No para sanidad. No para educación. No para que los ancianos no mueran de frigo en invierno. Para defensa. Para misiles que no funcionarán, para aviones que no despegarán, para contratos que enriquecerán a los mismos de siempre.
Trump llegó a Ankara enfrentado con todos. Con España, porque no le pagan suficiente. Con Dinamarca, porque quiere Groenlandia. Con Francia, con Reino Unido, con Canadá, y hasta con Meloni, su gran aliada en Europa. Meloni se fue plantándole cara, diciendo que Italia cumplirá con sus compromisos, pero a su ritmo. Lo cual, traducido, significa: "te doy el dinero, pero no me grites".
Pedro Sánchez, por su parte, se preparó con datos. Dijo que España va con la cabeza alta y los deberes hechos. Luego habló con Trump de fútbol y de golf. Trump, que había pedido cortar todo el comercio con España horas antes, salió diciendo que España le ama. Así funciona la diplomacia en 2026: insultas a un país por la mañana, hablas del Mundial por la tarde, y por la noche sales diciendo que todo es amor.
El gato se ha dormido. El sol cae sobre el mar dividido. El anfitrión enciende una lámpara de queroseno porque la electricidad, aquí, es un lujo que no siempre llega. En Washington, en Bruselas, en Ankara, encienden otras luces. Luces de neon, de pantallas, de salas de guerra climatizadas donde deciden quién vive y quién muere sin saber que existe un pueblo llamado Yedidalga, sin importarles que un gato con una mancha en forma de isla duerme sobre los pies de un borracho que escribe lo que otros no quieren leer.
Teo García. Corresponsal. Pasaportes: varios, ninguno en regla desde 1989. La zivania, según la tradición chipriota, es femenino: "la zivania". No "el zivania". El género gramatical, al menos, sigue resistiendo.
Publicado en KAOSENLARED