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Crónicas del Apocalipsis Pendiente 019

Despacho n.º 19 — Fecha: 5 de septiembre de 2026

Imagen de careetera terciara entre montañas de Serbia

Desde: un arrimadero de carretera terciaria entre Serbia y Montenegro. Camino del Adriático. A la sombra de unos árboles junto a una pila de cajas que apenas podría llamarse puesto de venta: botes de mermelada casera de ciruela y frambuesa, tarros de salsa de tomate, y rakijas de miel y de ciruela destiladas en un alambique de cobre casi centenario. Me he decidido por la Meduvača fresca y medio kilo de ciruelas rojas y dulces para refrescar el cuerpo y el alma. El vendedor no habla nada que yo pueda entender. Entiende perfectamente lo que yo quiero. Llevamos veinte minutos en silencio y estamos de acuerdo en todo lo fundamental.

La carretera terciaria entre Serbia y Montenegro no aparece en Google Maps con suficiente detalle como para que el GPS sepa exactamente dónde estoy. El alambique de cobre del vendedor lleva casi cien años destilando sin que nadie le haya pedido permiso a ninguna institución europea. Las ciruelas saben a septiembre que se acaba. La Meduvača sabe a miel y a decisiones que esta tarde tienen todas el tamaño correcto. Desde aquí, con el Adriático todavía a unas horas y la carretera vacía en los dos sentidos, informo del estado de las cosas.

El titular del invasor con diabetes y lo que el periodismo hace con las palabras cuando cree que nadie está mirando

"La muerte de un invasor con diabetes y la huida de otro con varicela, últimos síntomas de la crisis sanitaria en Ceuta."

Detengámonos. Respira. Vuelve a leerlo. El titular tiene tres palabras que merecen atención independiente antes de leer el artículo que hay debajo, porque el artículo que hay debajo ya no importa tanto: el titular ha hecho su trabajo con la eficiencia de un bisturí oxidado que corta igual de bien pero deja más infección.

Primera palabra problemática: invasor. Un invasor es alguien que entra por la fuerza con intención hostil en territorio ajeno. Los ejércitos invaden. Las potencias coloniales invaden. Napoleón invadía. Un hombre con diabetes que cruza una frontera que el gobierno del país vecino abrió adrede mientras sus fuerzas de seguridad miraban hacia otro lado no invade. Huye. O migra. O busca algo que en su país no tiene. Ninguna de esas tres opciones es una invasión en ningún diccionario que no haya sido editado específicamente para este artículo en esta redacción este día. El medio que usa la palabra invasor para referirse a una persona con diabetes que muere en Ceuta ha tomado una decisión editorial deliberada, meditada y firmada. No es un desliz. Los deslices no aparecen en los titulares, que son lo único que leen el ochenta por ciento de los lectores y lo que el algoritmo distribuye eternamente con la generosidad de quien no tiene que responder ante ningún colegio profesional.

Segunda palabra problemática: huida. El hombre con varicela no huyó. Se fue. Probablemente porque las condiciones en las que estaba eran insostenibles, lo cual es también una información sobre las condiciones en las que estaba, pero el medio eligió llamarlo huida porque huida tiene connotaciones de culpabilidad y peligro que se fue no tiene. Un enfermo que se va es un problema de gestión sanitaria. Un enfermo que huye es una amenaza epidemiológica en movimiento con piernas propias y voluntad de contagiar. Son dos noticias distintas aunque describan el mismo hecho con los mismos datos.

Tercera cosa problemática: la estructura completa del titular. Invasor con diabetes. Invasor con varicela. El mensaje que queda tras leer el titular, antes de abrir el artículo, antes de leer la primera línea donde la ministra de Sanidad dice explícitamente que los migrantes no traen enfermedades, es este: los invasores traen enfermedades. Simple. Efectivo. Depositado en el cerebro del lector con la precisión de quien lleva practicando este ejercicio suficiente tiempo como para haberlo perfeccionado. El desmentido llega tarde, en el tercer párrafo, en letra de cuerpo doce, detrás de un muro de pago.

Goebbels se sentiría muy orgulloso de este artículo. San Francisco de Sales, patrón de los periodistas, bastante menos. La diferencia entre los dos es que Goebbels al menos tenía la honestidad de no fingir que hacía periodismo.

Lo que el artículo dice y lo que calla

El artículo describe una crisis sanitaria real. Los sanitarios de Ceuta están desbordados. Faltan recursos. El sistema no da abasto. Seis médicos en urgencias para 85.000 habitantes más diez mil personas adicionales en situación de hacinamiento. Todo eso es verdad y merece atención y recursos urgentes. El problema no es lo que el artículo dice.

Es lo que no dice, que es considerablemente más interesante y considerablemente más incómodo para el marco narrativo que el titular ya ha establecido.

Lo que no dice: que Ceuta era ya antes del 30 de julio el territorio con mayor incidencia de tuberculosis de toda España. No de Andalucía. No del sur. De toda España. Con 27,6 casos por cada 100.000 habitantes frente a una media nacional de 8,8, muy por delante de Cataluña con 14,4, Galicia con 11,5 o País Vasco con 10,6. Ceuta llevaba una década siendo el campeón nacional de tuberculosis antes de que llegara ningún migrante el 30 de julio. Esta información no aparece en el artículo. Tampoco en el titular. Aparece, en cambio, la palabra invasor.

Lo que no dice: que el INGESA desmintió cualquier brote de tuberculosis entre los migrantes. Los únicos dos casos notificados a la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica entre el 31 de julio y el 12 de agosto fueron uno de un migrante y otro de un paciente autóctono que llevaba tres meses con la sospecha antes de que llegara nadie. Dos casos. En el territorio con mayor tasa de tuberculosis de España. Que tenía esa tasa antes, durante y con toda probabilidad después de cualquier crisis migratoria, porque la tuberculosis en Ceuta no llegó el 30 de julio en patera. Lleva décadas instalada en la ciudad con la comodidad de quien sabe que el sistema sanitario no tiene recursos suficientes para erradicarla.

Lo que no dice: que en los años 80 había tuberculosis en los barrios obreros de Madrid, de Barcelona, de Bilbao, sin que nadie llegara en patera. Había tuberculosis en los barrios obreros de toda España porque la tuberculosis no elige a sus huéspedes por su nacionalidad ni por su origen. Elige a los que viven hacinados, a los que comen mal, a los que tienen el sistema inmune debilitado por el frío y la humedad y la falta de vitaminas y el estrés de la supervivencia. El vector es la pobreza y el hacinamiento. Siempre lo ha sido. Lo era en los años 80 en Vallecas y lo es en 2026 en Ceuta. La patera es irrelevante para el bacilo de Koch, que lleva en la tierra bastante más tiempo que cualquier política migratoria europea.

Lo que no dice: que la sarna y el impétigo, las dos enfermedades efectivamente detectadas entre los migrantes, son enfermedades que siempre han existido en Ceuta y que ya se trataban antes de la llegada de nadie. Que el vicepresidente de la Sociedad Española de Epidemiología insiste en que las personas migrantes que llegan a los países ricos suelen ser personas jóvenes y sanas. Que el principal riesgo no está en las personas sino en las condiciones en las que el sistema las obliga a vivir. Condiciones que el mismo sistema que publica este artículo lleva décadas considerando aceptables cuando afectan a poblaciones que no generan titulares rentables.

Lo que no dice: que seis médicos en urgencias para 85.000 habitantes no es una consecuencia de la crisis migratoria. Es una consecuencia de veinte años de recortes en sanidad pública que ningún medio llamó jamás bomba de tiempo ni crisis sanitaria aunque los datos estuvieran ahí, con sus números, con su fecha y con su correlación perfectamente documentada. La crisis de Ceuta ha desbordado un sistema que ya estaba al límite. El límite no lo pusieron los migrantes. Lo pusieron dos décadas de infrafinanciación sanitaria que el mismo ecosistema mediático que hoy publica la palabra invasor aplaudió como necesaria austeridad responsable.

Lo que no dice, y esto es lo más revelador: que la solución implícita del artículo no es sanitaria. Es migratoria. Más control, más identificación, más seguimiento de los migrantes. Ni una línea sobre más médicos. Ni una línea sobre más financiación hospitalaria. Ni una línea sobre mejores condiciones de acogida que redujeran el hacinamiento que la propia ministra identifica como el verdadero vector, junto con la pobreza que nadie nombra porque la pobreza no tiene patera y no genera el mismo titular. El problema sanitario que describe el artículo tiene solución sanitaria. El artículo propone solución migratoria. Son cosas distintas, pero el titular ya ha confundido las dos con suficiente eficiencia como para que la distinción llegue tarde y a pocos.

El País de Uruguay, la IA y el jubilado canadiense que quizás ya no está entre nosotros

El 3 de septiembre de 2026, El País de Uruguay publicó en su sección de Vida Actual y Tecnología la siguiente noticia: "Hombre jubilado diseñó una rueda hidráulica doméstica que produce energía todo el día sin perjudicar el ecosistema." Marc Nering, jubilado canadiense de Columbia Británica, construyó junto al río Cheakamus una rueda hidráulica de aluminio capaz de generar 36 kilovatios por hora. Noticia interesante.

Con un pequeño detalle: la noticia original tiene aproximadamente ocho años. El canal de YouTube de Nering Industries, desde el que se documenta el proyecto, lleva tres años sin publicar ninguna actualización. Marc Nering puede estar perfectamente vivo y jubilando en Columbia Británica con su rueda hidráulica funcionando. También puede haber fallecido. También puede haber abandonado el proyecto. El País de Uruguay no lo sabe. El periodista que verificó el artículo tampoco lo investigó, o si lo investigó decidió que la respuesta no era relevante para la noticia. El río Cheakamus sigue ahí. La rueda puede estar girando o puede estar oxidándose. Ambas opciones son igualmente plausibles y ninguna de las dos aparece en el artículo.

La frase que cierra el texto es la más honesta del periodismo contemporáneo en toda su involuntaria elocuencia: "Este contenido fue hecho con la asistencia de inteligencia artificial y verificado por un periodista de El País." Detengámonos en el verbo verificado. Verificar significa comprobar que algo es cierto. Lo que el periodista de El País verificó es que existía un señor llamado Marc Nering, que existía un río llamado Cheakamus, que existía una rueda hidráulica, y que todo eso había ocurrido en algún momento anterior a la publicación del artículo.

Lo que no verificó es si seguía siendo noticia en 2026, si el señor Nering seguía vivo, si el proyecto había tenido continuidad, si la rueda seguía funcionando o si publicar en la sección de Tecnología de un diario nacional una historia de hace ocho años sobre un invento de contrabando artesanal canadiense tenía algún valor informativo para el lector uruguayo del 3 de septiembre de 2026. La verificación tiene sus límites. El periodista encontró los suyos antes de llegar a cualquiera de esas preguntas.

Lo que ha ocurrido aquí tiene nombre y se llama periodismo de contenido generado por IA con supervisión nominal humana, que es la forma elegante de describir el proceso por el cual un algoritmo encuentra una historia vieja en alguna base de datos, la reescribe en español neutro con estructura de noticia, la envía a un periodista que comprueba que las palabras están en el orden correcto y que el nombre del río existe en Google Maps, y la publica en la sección de Vida Actual con fecha de 2026 como si fuera una noticia. El resultado es indistinguible de una noticia real para el lector que no verifica las fechas, que es el noventa y cinco por ciento de los lectores, porque verificar las fechas requiere tiempo y el sistema de consumo de noticias está diseñado para que no haya tiempo.

La rueda hidráulica de Marc Nering, si sigue girando, genera entre 800 y 900 vatios de potencia. El periodismo de IA sin supervisión real genera exactamente cero vatios de información nueva, pero ocupa el mismo espacio en la pantalla que el periodismo que sí la genera, con el mismo formato, la misma tipografía y la misma promesa implícita de que alguien ha comprobado que lo que estás leyendo merece ser leído. Es el equivalente informativo de la rakija sin alcohol: tiene el vaso, tiene el color, tiene el olor, pero cuando lo bebes algo falta y no sabes exactamente qué hasta que llevas tres vasos y sigues igual de sobrio que al principio.

El País de Uruguay ha publicado hoy una noticia de hace ocho años sin saberlo, o sabiéndolo y decidiendo que era irrelevante, que es aún peor. Marc Nering construyó su rueda hace ocho años y lleva tres sin dar señales de vida en ningún canal verificable, lo cual en el vocabulario del periodismo de IA se llama historia de interés humano atemporal y en cualquier otro vocabulario se llama noticia caducada que un algoritmo ha encontrado en algún rincón de internet y ha reciclado con la eficiencia de quien no tiene ni la capacidad ni el incentivo de preguntarse si el protagonista sigue vivo. El río Cheakamus sigue ahí. La rueda puede estar girando o puede estar oxidándose desde 2023. El periodista que lo verificó no lo sabe. El lector tampoco. La IA, desde luego, no preguntó.

Al menos, los medios no nos están poniendo de noticia actual que Gutenberg inventó la imprenta, aún.

Von der Leyen quiere controlar la diplomacia europea, que es como dejar al zorro a cargo del gallinero, pero con presupuesto de mil millones

En un momento en que Trump rompe el orden internacional, Putin bombardea ciudades y Netanyahu construye horcas con cabinas de observación, la presidenta de la Comisión Europea ha decidido que el problema urgente es quién firma los comunicados de Bruselas. Von der Leyen lleva meses intentando desmantelar el Servicio Europeo de Acción Exterior, el departamento diplomático de la UE, para repartir sus competencias entre sus propios comisarios y reducir el papel de Kaja Kallas, la Alta Representante de Exteriores. El motivo oficial es modernización y eficiencia. El motivo real lo explica el propio artículo con una honestidad involuntaria: Von der Leyen quiere reducir las fricciones con los líderes que tratan de acabar con un mundo basado en el derecho internacional. En cristiano: quiere poder ignorar el derecho internacional sin que Kallas le ponga pegas.

La propuesta no es nueva. En marzo de 2026, Von der Leyen pronunció un discurso en el que dijo literalmente que Europa ya no puede ser guardiana del viejo orden mundial y que el sistema basado en reglas ya no puede ser la única forma de defender los intereses europeos. El escándalo fue tal que tuvo que rectificar dos días después. La lección que extrajo Von der Leyen de esa rectificación no fue que quizás el derecho internacional merece más respeto. Fue que necesitaba controlar mejor quién puede contradecirla en público. De ahí el plan de desmantelar el servicio diplomático.

El Servicio Europeo de Acción Exterior se creó en 2009 precisamente para evitar que la presidenta de la Comisión controlara la política exterior. Los estados miembros diseñaron expresamente esa arquitectura institucional porque no querían que el ejecutivo comunitario concentrara ese poder. Von der Leyen lleva dos mandatos intentando desmontar exactamente lo que los estados diseñaron para que ella no pudiera desmontarlo. La perseverancia merece reconocimiento técnico aunque no moral.

El detonante inmediato es Israel. Kallas comparó el trato israelí a los palestinos con el apartheid sudafricano. Israel rompió relaciones con ella. Von der Leyen, en lugar de respaldar a su propia jefa de diplomacia, mandó a la comisaria Šuica a visitar Israel por su cuenta, sin consultar a los estados miembros, sin mandato para hacerlo, contradiciendo la posición del presidente del Consejo Europeo. Es la misma Šuica que Von der Leyen mandó a la Junta de paz de Trump sobre Gaza cuando el Consejo había dicho explícitamente que la UE no participaría.

Von der Leyen tiene en Šuica su servicio diplomático paralelo, sin control parlamentario, sin mandato de los estados y sin la incomodidad de tener que respetar posiciones comunes. Vamos, la lamedora oficial de botas de Estados Unidos e Israel, sin que la presidenta se manche la lengua. El Servicio Europeo de Acción Exterior oficial, con sus mil millones de presupuesto y sus tratados y sus competencias establecidas en Lisboa, le resulta un obstáculo. La solución que propone es eliminarlo.

La semana pasada, en la reunión de ministros de Exteriores celebrada en Irlanda, Kallas lanzó un comunicado reafirmando el compromiso europeo con el multilateralismo y el derecho internacional. El Financial Times preguntó en la rueda de prensa posterior si hacía falta recordar algo que ya está en el Tratado de Lisboa. La respuesta no necesita traducción: cuando la presidenta de tu institución lleva meses intentando arrinconar el derecho internacional, sí hace falta recordarlo. Hace falta recordarlo en un comunicado oficial porque el comunicado oficial es lo único que Von der Leyen no puede ignorar sin que conste en acta.

Curioso multilateralismo el que predica la UE: a las órdenes de Israel y Estados Unidos, con una guerra contra Rusia en curso, un choque estratégico con China en construcción, y el trato de tercera categoría reservado al centenar largo de países restantes del mundo que no tienen ni petróleo suficiente ni lobby suficiente para que Bruselas los incluya en el concepto. El multilateralismo europeo aplica cuando los que participan son los que a Von der Leyen le conviene que participen. Los demás pueden esperar en la sala con las sillas de plástico mientras los adultos deciden el orden mundial en el despacho de al lado.

La UE que predica valores, multilateralismo y derecho internacional tiene como presidenta a alguien que intentó arrinconar esos valores en un discurso en marzo, que tuvo que rectificar bajo presión, que usa a una comisaria como servicio diplomático paralelo para hacer lo que sus propios tratados no le permiten hacer, y que ahora propone desmantelar el mecanismo de control que los estados miembros pusieron precisamente para que no pudiera hacer todo eso. Y lo propone en nombre de la eficiencia y la modernización, que son también las palabras con que el sistema llama a las cosas cuando no quiere decir su nombre real.

El vendedor ha empezado a recoger las cajas. El sol está bajando hacia Montenegro y las ciruelas se han acabado. La Meduvača también. El alambique de cobre casi centenario ha destilado más verdad esta tarde que todos los comunicados de Bruselas juntos, con la ventaja adicional de que no ha necesitado desmantelar el servicio diplomático de nadie para hacerlo. Me incorporo, pago lo que corresponde con un billete que el vendedor guarda sin contar porque en esta carretera terciaria la confianza es la única divisa que funciona, y sigo hacia el Adriático.

Teo García. Corresponsal. Pasaportes: varios, ninguno en regla desde 1989.

Este despacho fue escrito en un arrimadero de carretera terciaria entre Serbia y Montenegro, a la sombra de unos árboles junto a un puesto de mermeladas caseras, tarros de tomate y rakija de alambique centenario. El vendedor ambulante no habla ningún idioma verificable. Destila, en cambio, con una precisión que ningún medio de comunicación ha igualado esta semana.