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La CEOE ha vuelto a hacer lo que mejor sabe hacer: coger un problema real y ponerle el nombre equivocado. Esta vez la palabra elegida es "absentismo", y bajo esa etiqueta, tan aséptica como un informe de recursos humanos, mete en el mismo saco una baja médica, un permiso retribuido, unas vacaciones y, según se tercie, cualquier ausencia que a alguien de un despacho le resulte incómoda. Todo junto, todo revuelto, todo sospechoso por igual. Es un truco viejo: si consigues que la gente hable de "absentismo" en vez de hablar de bajas por depresión, de permisos de paternidad o de un cáncer, ya has ganado la mitad del relato. Porque nadie defiende el absentismo. Pero mucha gente sí defendería, si se le explicara bien, el derecho a estar de baja sin sentir que está robando algo.

Ese es exactamente el juego: convertir un derecho en una sospecha. Y la sospecha, como el alisio, sopla siempre en la misma dirección. Por eso diseñé estos cuatro carteles. No como respuesta técnica —para eso ya están los sindicatos y los juristas laboralistas, que lo explican mejor que yo— sino como un espejo un poco sucio, de esos que no dejan posar bien. Porque si la CEOE quiere hablar de lo que "cuesta" a las empresas, hablemos también de lo que cuesta a las personas. Con los mismos asteriscos que ellos usan para maquillar sus cifras.

Esperar que a las 22:17 no te wassapee tu jefe. El derecho a la desconexión digital lleva años escrito en una ley que casi nadie cumple porque casi nadie la exige. No es una cortesía corporativa, no es "cultura de empresa", es una obligación legal que se salta con la misma naturalidad con la que se manda un audio de dos minutos explicando por qué hace falta una respuesta ya. Mientras unos preparan campañas sobre el absentismo ajeno, otros no consiguen desconectar el propio móvil ni un sábado por la noche. A eso no lo llaman absentismo. A eso lo llaman "compromiso".

Esperar años a que tu sueldo deje de parecer el SMI. Aquí no hay trampa retórica que valga: si tu salario roza el mínimo interprofesional después de una década trabajando, el problema no es tu absentismo, es tu sueldo. Mientras se organizan jornadas enteras para hablar de la "pérdida de productividad" que suponen las bajas, casi nadie organiza una jornada para hablar de la pérdida de poder adquisitivo que supone cobrar lo mismo con precios que no dejan de subir.

Esperar meses para que te paguen las horas extras. Este es, quizás, el más sangrante, porque no depende de ninguna interpretación ni de ninguna sensibilidad ideológica: es un convenio, es la ley, es una obligación firmada por las mismas patronales que luego se rasgan las vestiduras hablando de cumplimiento normativo cuando la norma les toca a ellos pagar.

Esperar a un accidente para invertir en seguridad. Y el último, el que más me costó diseñar sin que me temblara el pulso: la prevención de riesgos laborales no es un gasto opcional que se activa después de la tragedia. Es antes. Siempre tiene que ser antes. Pero solo se convierte en prioridad cuando ya hay un nombre y un titular.

No he inventado nada. Cada cartel es un espejo de algo que ocurre todos los días, en todos los sectores, y que rara vez sale en una campaña con presupuesto de comunicación. La CEOE puede permitirse encargar estudios, contratar agencias y llenar rotondas con lonas sobre el absentismo. Los trabajadores, mientras tanto, solo pueden permitirse esperar. Esperar a que se cumpla lo que ya está firmado. Esperar a que un derecho deje de tratarse como un favor.

Por eso el asterisco amarillo en cada cartel. Porque toda esa "letra pequeña" que la CEOE nunca pone en sus campañas, la pongo yo en las mías. Que quede constancia.

FCK CEOE